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Calibrar monitor

Ocho pasos, cada uno con su patrón, el objetivo exacto al que llegar y qué botón mover en el menú del monitor.

Paso 1 de 8 · Preparar la sala

Este paso no ajusta nada y es el que más resultado da. Un panel recién encendido cambia de brillo y de color durante los primeros veinte o treinta minutos, así que calibrar en frío es calibrar dos veces. La luz de la sala importa igual: si calibras a oscuras y luego trabajas de día, el brillo que fijaste se te quedará corto. Calibra con la luz que vas a tener normalmente, evita que una ventana o una lámpara den directamente en el panel, y limpia la pantalla antes de empezar. Ponla también en su resolución nativa: escalada, los patrones de un píxel de los últimos pasos mienten.

Objetivo: La sala en penumbra estable, sin luz dando en el panel, y el monitor encendido al menos media hora.

Qué tocar: Nada que ajustar en este paso

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0/5 ajustes completados

Con las flechas ← → cambias de paso, también en pantalla completa.

Se genera aquí, en tu navegador. Lo que escribes no sale de tu equipo.

Casi todas las páginas de calibración hacen una de dos cosas: te enseñan patrones y te dejan solo delante de ellos, o te explican la teoría y te mandan a buscar los patrones por tu cuenta. Esta hace las dos a la vez. Cada paso lleva el patrón que hay que mirar, el estado concreto al que tienes que llegar, y el nombre del ajuste que lo consigue en el menú de tu monitor.

El orden importa y no es arbitrario. El brillo y el contraste se pisan mutuamente, la gamma solo se puede juzgar cuando los extremos ya están bien, y la nitidez miente si la pantalla no está en su resolución nativa. Por eso empieza por preparar la sala, que es el paso que no ajusta nada y el que más resultado da.

Y conviene decir desde el principio hasta dónde llega esto. A ojo se corrigen de verdad el brillo, el contraste, el detalle en sombras, una gamma aproximada y la nitidez. Lo que no se puede es medir el color: para eso hace falta un aparato que lea la luz que sale del panel. Al final de la página está explicado con detalle, y también cuándo merece la pena comprarlo.

Manual

Cómo se usa

  1. 1

    Enciende el monitor media hora antes

    Un panel recién encendido cambia de brillo y de color durante los primeros veinte o treinta minutos. Calibrar en frío significa calibrar dos veces.

  2. 2

    Deja la sala como la vas a tener normalmente

    Si calibras a oscuras y luego trabajas de día, el brillo se te quedará corto. Y que ni una ventana ni una lámpara den directamente sobre el panel.

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    Ponla en su resolución nativa

    Escalada, los patrones de un píxel de los pasos de gamma y nitidez no dicen la verdad: verás temblores que son del escalado, no del monitor.

  4. 4

    Ve a pantalla completa y sigue los ocho pasos

    Cada uno te dice qué mirar, a qué estado llegar y qué ajuste mover. Marca «Hecho» al terminar cada uno para llevar la cuenta.

  5. 5

    Vuelve atrás cuando toque

    El contraste desajusta los negros y el brillo desajusta los blancos. Necesitar dos o tres vueltas entre esos dos pasos es lo normal, no un error tuyo.

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    Termina en la comprobación final

    Si las once casillas se distinguen una a una y el degradado no tiene franjas, has terminado. Si no, el último paso te dice cuál repetir.

En detalle

Lo que conviene tener en cuenta

Hasta dónde llega calibrar a ojo, y qué hacer después

Esta es la parte que casi ninguna página del tema pone por delante, y debería. Conviene saber qué estás consiguiendo y qué no antes de invertir una tarde.

Si después de seguir los ocho pasos sigues sin ver bien el color, o lo que imprimes no se parece a lo que tienes en pantalla, el problema ya no está a tu alcance y insistir a ojo no lo va a resolver. Ese es el momento de medir con un instrumento o de acudir a alguien que lo haga.

  • Sí se corrige a ojo: brillo, contraste, detalle en sombras y altas luces, gamma aproximada, nitidez y una dominante de color evidente.
  • No se corrige a ojo: precisión de color, delta-E, perfil ICC, uniformidad del panel y coincidencia entre dos monitores.
  • Señal de que necesitas un instrumento: imprimes y no coincide; editas para otros; dos pantallas que no se parecen; colores de marca.
  • Qué se usa: un colorímetro de escritorio, desde unos 150-200 euros, o un servicio de calibración. Los laboratorios de impresión suelen dar el perfil de su máquina.
  • Lo que no vale: descargarse un perfil ICC de internet «para tu modelo». Describe otra unidad, no la tuya, y suele dejarlo peor.

Dónde están estos ajustes

Cada equipo lo pone en un sitio distinto y los nombres cambian entre versiones, así que en vez de una ruta exacta que caduque, esto es dónde mirar. La regla general: si tienes un monitor externo, casi todo se toca en su propio menú, y el sistema operativo es el último recurso.

En el monitor. Los botones están detrás o debajo del marco, normalmente abajo a la derecha; en los modelos recientes suele haber un solo mini-joystick en lugar de cuatro botones. Con eso entras al menú en pantalla, que en los manuales aparece como OSD. Ahí viven Brightness, Contrast, Color Temp, Sharpness y los presets de imagen.

En Windows. El brillo y la resolución están en Configuración → Sistema → Pantalla. Windows trae además su propio asistente de calibración a ojo: abre el menú Inicio y busca «Calibrar el color de la pantalla» (el programa se llama dccw). Y para la gamma, cuando el monitor no la ofrece, está el panel de tu tarjeta gráfica: Panel de control de NVIDIA → Ajustar la configuración de color del escritorio, el software Radeon de AMD, o el Intel Graphics Command Center.

En un Mac. Brillo y preajustes están en Ajustes del Sistema → Pantallas. El perfil de color y la calibración cuelgan de ahí mismo, en el desplegable de perfil. Ten en cuenta que en las versiones recientes de macOS el asistente integrado hace poco sin un aparato de referencia: para ajustar a ojo, los preajustes de pantalla te llevarán más lejos.

Antes de empezar, en los dos sistemas: apaga los filtros de color. En Windows es Luz nocturna; en un Mac son Night Shift y True Tone. Si no, estarás calibrando contra un filtro que se enciende y se apaga solo según la hora del día.

  • Monitor externo → los botones o el joystick del marco, abajo a la derecha. Es donde debe hacerse casi todo.
  • Windows, brillo y resolución → Configuración → Sistema → Pantalla.
  • Windows, asistente propio → busca «Calibrar el color de la pantalla» en Inicio.
  • Windows, gamma sin menú de monitor → panel de NVIDIA, AMD o Intel.
  • Mac, todo → Ajustes del Sistema → Pantallas, y el perfil de color desde ahí.
  • Portátil sin monitor externo → solo tendrás brillo. Contraste, gamma y nitidez no son ajustables: sáltalos sin más.
  • Apaga antes → Luz nocturna en Windows; Night Shift y True Tone en Mac.

Los mandos del monitor y qué hace cada uno

El menú del monitor usa nombres que no siempre dicen lo que hacen, y esa es la mitad de la confusión.

  • Brillo (Brightness): la retroiluminación. Decide dónde queda el negro. Es el mando que más importa.
  • Contraste (Contrast): la amplitud de la señal. Decide dónde queda el blanco y recorta si se pasa.
  • Gamma: la curva entre esos dos extremos. Si no aparece, la llevan dentro los presets de imagen.
  • Temperatura de color (Color Temp): si el blanco tira a azul o a naranja. Busca 6500K o sRGB.
  • Nitidez (Sharpness): afilado artificial. Casi siempre viene subido; el neutro suele estar hacia la mitad.
  • Contraste dinámico, Negro dinámico, modos «eco»: desactívalos antes de calibrar. Cambian la imagen sobre la marcha y hacen imposible ajustar nada.
Historia

De la barra de color a la sonda

La calibración nació en la televisión y era un trabajo con instrumentos, no a ojo. Las barras de color SMPTE, normalizadas en 1978, llevaban escondido en la esquina inferior izquierda el llamado «pluge»: tres barras casi negras, una por debajo del negro, una en el negro y una ligeramente por encima. El técnico subía el brillo hasta ver la tercera y no la primera. Ese truco de 1978 es exactamente el paso de brillo de esta página.

En informática el problema llegó con el color de verdad. Apple presentó ColorSync en 1993 para que lo que se veía en pantalla se pareciera a lo que salía de la imprenta, y en 1993 también se fundó el International Color Consortium, que definió el formato de perfil ICC que todavía usamos. La idea de fondo era admitir que ningún dispositivo reproduce el color igual que otro, y describir cada uno con un perfil en lugar de fingir que todos coinciden.

El espacio sRGB llegó en 1996, propuesto por HP y Microsoft, y con él una gamma nominal de 2.2 y un punto blanco de 6500K. No se eligieron por elegantes: 2.2 era aproximadamente lo que hacían los monitores de tubo de la época por su propia física, y 6500K es la luz de día promedio. El estándar en el que todavía calibramos es en buena medida una descripción de cómo se comportaba un CRT de los noventa.

Los colorímetros de escritorio se abarataron en los dos mil y convirtieron en accesible lo que era de laboratorio. Pero la parte que sigue sin poder comprarse es la de esta página: nadie ha inventado todavía la forma de que un aparato ajuste por ti los mandos físicos de tu monitor.

1978
Barras SMPTE normalizadas, con el pluge dentro
1993
Se funda el ICC y nace ColorSync
2.2
Gamma del estándar sRGB, heredada del tubo
6500K
Punto blanco de referencia: luz de día
Cómo funciona

Por qué se calibra en este orden

Un monitor no tiene un solo mando que lo ponga «bien». Tiene varios que se afectan entre sí, y calibrarlos en desorden es la razón por la que mucha gente lo intenta, no lo consigue y concluye que su pantalla es mala.

El brillo, en casi todos los monitores, no controla la señal: controla la retroiluminación, es decir, cuánta luz atraviesa el panel. Por eso decide dónde queda el negro. El contraste sí trabaja sobre la señal y decide dónde queda el blanco, recortando las altas luces si se pasa. Como el negro y el blanco son los dos extremos de la misma escala, mover uno desplaza al otro, y por eso los dos primeros pasos hay que alternarlos.

La gamma es la curva que hay entre esos dos extremos: cómo se reparten los tonos intermedios. Solo tiene sentido ajustarla cuando los extremos ya están fijos, porque es una curva entre dos puntos y mover los puntos la cambia entera.

El punto blanco es de otra naturaleza. No es una cantidad de luz sino un color: si tu blanco tira a azul o a naranja. Aquí es donde el ojo deja de servir como instrumento, porque se adapta. Mira una pantalla azulada tres minutos y tu cerebro decide que eso es blanco. Es el mismo mecanismo que hace que una hoja de papel te parezca blanca bajo una bombilla naranja y bajo el sol.

A mano

Ajustar el brillo sin ninguna herramienta

El paso que más resultado da se puede hacer con una imagen que ya tienes en el ordenador, sin esta página ni ninguna otra.

  1. 1

    Una escena nocturna, un interior en penumbra, cualquier cosa con sombras grandes. Que ocupe toda la pantalla, sin nada blanco alrededor.

  2. 2

    Vas a perder todo el detalle en las zonas oscuras. Ese es el punto de partida deliberado.

  3. 3

    Muy poco a poco. Para en cuanto distingas formas dentro de las sombras, no cuando las veas cómodamente.

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    Mira el marco de la pantalla apagada alrededor de la imagen. Si el negro de la foto se ve claramente más gris que el plástico, te has pasado. Baja hasta que se parezcan.

Diagnóstico

Si algo no funciona

Síntoma:Ajusto el contraste y se me estropean los negros

Causa probable:
Es lo esperado: los dos mandos actúan sobre los extremos de la misma escala, así que mover uno desplaza al otro.
Qué hacer:
Alterna entre el paso de brillo y el de contraste hasta que dejen de moverse. Dos o tres vueltas es lo normal. Si no converge, prueba a devolver el monitor a valores de fábrica y empezar de cero.

Síntoma:No veo ninguno de los parches oscuros por mucho que suba el brillo

Causa probable:
Puede ser luz ambiente dando en la pantalla, o un modo de imagen del monitor que esté aplastando los negros.
Qué hacer:
Apaga o desvía la luz que dé sobre el panel. Si sigue igual, busca en el menú modos tipo «Negro dinámico», «Contraste dinámico» o «Ahorro de energía» y desactívalos: están alterando la imagen por su cuenta.

Síntoma:Las líneas finas tiemblan u ondulan en el paso de nitidez

Causa probable:
No es nitidez: la pantalla no está funcionando en su resolución nativa, y el escalado inventa píxeles intermedios.
Qué hacer:
Pon la resolución nativa del monitor en los ajustes de pantalla del sistema. En un portátil conectado a un monitor externo, comprueba también el escalado, que suele estar al 125% o 150%.

Síntoma:Mi monitor no tiene ajuste de gamma en el menú

Causa probable:
Muchos monitores de consumo no lo exponen; en su lugar traen presets de imagen que llevan una gamma dentro.
Qué hacer:
Prueba los presets buscando el que te deje más cerca de 2.2 — el llamado sRGB suele ser el más fiel. Deja como último recurso corregir desde la tarjeta gráfica: eso ajusta la señal, no el panel, y puede introducir bandas.

Síntoma:El degradado de la comprobación final tiene franjas anchas

Causa probable:
No es tu calibración: es la profundidad de color con la que está trabajando la cadena, o una corrección aplicada sobre la señal.
Qué hacer:
Comprueba en los ajustes de la tarjeta gráfica que la salida esté a 8 bits por canal o más, y que el formato de color no esté en un modo reducido. Si habías tocado la gamma desde el sistema, devuélvela a su valor por defecto.

Síntoma:Calibro, y al día siguiente lo veo distinto

Causa probable:
Casi siempre es la luz de la sala, no el monitor. También puede ser que el sistema esté aplicando un filtro nocturno.
Qué hacer:
Desactiva la luz nocturna o el modo lectura mientras calibras y mientras juzgas. Y recuerda que si calibraste de noche, de día vas a necesitar más brillo: no es que se haya descalibrado.
Curiosidades

Datos curiosos

El brillo de tu monitor no toca la señal

En un panel LCD controla la retroiluminación, la lámpara que hay detrás. Por eso cambia dónde queda el negro y no puede recuperar detalle que el contraste ya haya recortado. En un OLED sí es distinto: cada píxel emite su propia luz y el mando actúa sobre ellos.

La gamma 2.2 viene de la física del tubo

Un CRT respondía al voltaje con una curva de exponente cercano a 2.2, por cómo funcionaba el cañón de electrones. Cuando llegaron los LCD, que no tienen esa curva, se les hizo imitarla para no romper todas las imágenes del mundo. Seguimos calibrando a un estándar que describe una tecnología retirada.

Tu ojo se recalibra solo, y por eso no sirve para medir color

Se llama adaptación cromática. En dos o tres minutos tu cerebro decide que el blanco de lo que estés mirando es «el» blanco, y a partir de ahí no puedes juzgarlo. Es lo que hace que un papel te parezca blanco bajo una bombilla naranja y bajo el sol, que son luces completamente distintas.

La nitidez de fábrica está subida a propósito

Casi todos los monitores salen con el afilado por encima del punto neutro, porque una imagen sobreafilada llama la atención en el lineal de una tienda al lado de otras veinte. En casa se traduce en un halo claro pegado a cada línea fina y a cada letra.

El pluge de las barras de color sigue en uso

Esas tres barras casi negras de la esquina de la carta de ajuste siguen siendo la forma correcta de fijar el brillo en un estudio, cuarenta y ocho años después. La técnica no ha mejorado porque no hacía falta: funciona.

Dudas

Preguntas frecuentes

¿Se puede calibrar un monitor sin colorímetro?

En parte, y esa parte es la mayoría de lo que le molesta a la mayoría de la gente: brillo, contraste, detalle en sombras, una gamma aproximada y la nitidez. Todo eso se corrige a ojo y se nota inmediatamente. Lo que no se puede es la precisión de color: saber si tu blanco está en 6500K o en 7200K, o cuánto se desvía cada tono. Para eso hace falta medir la luz que sale del panel, y ningún ojo ni ningún navegador puede hacerlo.

¿Cuándo necesito de verdad un colorímetro o un profesional?

Cuando el color tenga que coincidir con algo que no sea tu pantalla. Si imprimes y lo que sale del papel no se parece a lo que ves, si editas fotos o vídeo que verán otros en otras pantallas, si trabajas en diseño con colores de marca, o si tienes dos monitores que deben verse iguales entre sí. En esos casos ninguna calibración a ojo te va a bastar, y seguir intentándolo es perder el tiempo. Un colorímetro de gama de entrada ronda los 150-200 euros y se amortiza rápido si estás en ese caso; también hay servicios de calibración a domicilio, y muchos laboratorios de impresión te dan el perfil de su máquina.

¿Qué es exactamente un perfil ICC y por qué esta página no genera uno?

Es un fichero que describe cómo reproduce el color tu pantalla en concreto, para que el sistema pueda compensar la diferencia. Generarlo requiere medir decenas o cientos de parches de color con una sonda apoyada en el panel y comparar lo medido con lo que se pedía. Sin esa medición no hay perfil posible: cualquier página que te ofrezca un ICC sin haber medido nada te está dando el perfil genérico de otro monitor, que es peor que no tener ninguno.

¿Es mejor ajustar en el monitor o desde el sistema operativo?

En el monitor siempre que se pueda. Los mandos del panel trabajan sobre el hardware y no tocan la señal; corregir desde el sistema o la tarjeta gráfica altera los valores antes de enviarlos, lo que reduce el número de tonos disponibles y puede provocar bandas en los degradados. Deja el sistema para lo que el monitor no ofrezca.

¿Qué temperatura de color debo poner?

6500K, o el preset llamado sRGB, para prácticamente todo: es el estándar de la web, de las fotos y del vídeo. Los monitores suelen venir de fábrica en 9300K o en un modo «frío» porque el blanco azulado parece más brillante en una tienda. Baja a 5000K solo si trabajas comparando con papel impreso bajo una luz normalizada, que es un caso muy concreto.

¿Sirve esto para un portátil?

Los pasos sí, pero con una limitación importante: los portátiles casi nunca tienen menú de monitor, así que solo puedes tocar el brillo y lo que ofrezca el sistema. Contraste, gamma y temperatura de color suelen no ser ajustables. Aun así el paso de brillo, que es el que más se nota, funciona igual, y los de comprobación te dicen qué esperar de tu panel.

¿Con qué frecuencia hay que repetirlo?

Los paneles derivan con el tiempo, sobre todo los primeros meses de vida y en los retroiluminados por lámpara. Cada seis meses es razonable para uso normal. Pero el motivo más común para repetir no es la deriva sino el entorno: si cambias la iluminación de la habitación, o mueves el monitor, vuelve a hacer al menos el paso de brillo.

¿En qué se diferencia esto del test de pantalla?

El test de pantalla busca defectos: responde a «¿está rota?». Esta página no busca defectos, sino que te lleva a cambiar ajustes: responde a «¿cómo la dejo bien?». Los patrones se parecen porque la física es la misma, pero la una termina en un veredicto y la otra en unos mandos movidos. Si lo que sospechas es un píxel muerto o un quemado, empieza por el test de pantalla.

Herramientas relacionadas

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